Cuando quedó en silencio la morada, pronto me di cuenta que no había nadie más a mi lado. Que mi figura se volvía nuevamente invisible y que todo era absorbido por la oscuridad... era como si una fuerza emanara de aquello que creía conocer o incluso dominar. Porque cuando me di cuenta de mi soledad parecía ser ya muy tarde y el dolor era tal como si me hubieran clavado un sinfín de agujas en el cuerpo.
Entonces fue ahí donde comprendí lo funesto que es el entorno. Porque vislumbré mis realidades y me deprimí en mis soledades. Porque pronto descubrí que había caído siguiendo una luz falsa que me sonreía aún. Donde pronto ésta se apagó y ya no supe ni adónde caminar ni a quién gritarle.
Mi mente estaba nublada, no veía ninguna luz, no veía siquiera mis manos. La angustia absorbía mi cuerpo y el recuerdo de algo que parecía grandioso seguía apretujando mi corazón. Pero ya le lloré muchas veces, ya busqué luz más allá de mis ojos y no encontré nada sino soledad. ¿Qué debo hacer ahora? me repetía a mí mismo cuando el aliento para seguir adelante me faltaba, cuando mis piernas estaban hechas jirones y cuando no oía ya el rumor de su paso por el mundo, ni la algarabía de su partida.
¿Qué faltaba ahora? Debía dejar de llorar porque las lágrimas nublaban más mi poca vista y sólo podía seguir caminando con la esperanza de llegar a alguna parte en algún momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario