Una
nueva fuerza se había apoderado de Alexei. Ahora ya no le importaba si el
concierto salía bien o mal. Sólo quería salir de ahí. Así que se sentó con una
nueva expresión que intentaba aparentar confianza y esperó a que el director
comenzara a dirigir. Así, la orquesta comenzó con el primer movimiento. Pronto
Alexei comenzó a tocar y toda la angustia que sentía se fue apagando. No miraba
al público, lo veía como una pared lejana y no se fijaba mucho en los detalles
de ésta.
Las notas fluían, su cello cantaba. Había una atmósfera
que denotaba una nueva tranquilidad en el chico. Su cuerpo iba
fusionándose con el instrumento y pronto ya no eran él y su cello, sino uno
solo que era absorbido por la melodía. Ya sólo oía en la lejanía el sonido
de la orquesta y sus manos parecían moverse por energía propia. Sus dedos
corrían con destreza y ligereza en las cuerdas; estaba disfrutando la música.
Él había dado su cuerpo a esa fuerza que ahora lo controlaba.
Comenzó el tercer movimiento. Los violines iniciaron con
sus notas rápidas. Los cellos también se unían al canto de la orquesta y la
tensión iba acumulándose cuando más se acercaban a la entrada de Alexei.
Éste cerró los ojos y respiró profundamente. Dos compases
más y entraba. Entonces, abrió los ojos y vio a Darío plantado delante de él
con un ramo de rosas rojas. Alexei hizo una expresión de sorpresa y un intento
de ocultar alegría poco convincente. Darío lo miró con aparente frialdad pero
una sonrisa se esbozaba en sus labios. Ambos se sostuvieron la mirada. Alexei
dudó y entró un poco después a la pieza.
El error casi no se notó pero había logrado que Alexei
volviera a sentirse nervioso. Cerró los ojos y se concentró nuevamente en la
pieza esperando que ésta lo invadiera. Las
notas comenzaban a reconquistar su cuerpo. Mantenía los ojos fuertemente
cerrados y visualizaba la partitura en su mente. Si lograba controlarse podría
tocar el resto de la pieza sin cometer más errores.
Pronto llegaron al clímax de la pieza. El solo más
difícil que le había costado tanto trabajo dominar a Alexei. Aunque hubo antes un pequeño dueto
entre el concertino y Alexei y a continuación, como si lanzaran una estrella
hacia el firmamento, entró a su solo. Sentía las vibraciones del cello
rebotando contra su cuerpo y el dolor en los brazos iba en aumento. Había
abierto los ojos pero miraba hacia el suelo sin ver realmente nada. Las escalas
y las notas rápidas así como las dobles cuerdas se oyeron soberbiamente y sin
ningún problema.
Entonces en ese momento sintió alegría y la presión había
desaparecido. El resto del concerto sería fácil. Así que levantó la vista y vio
a Darío callado, plantado delante con los ojos fijos en él y una expresión de
incredulidad en el rostro.
Sus miradas se encontraron nuevamente, pero esta vez, Alexei
sonrió abiertamente. Darío se sonrojó y también sonrió aunque desviando la
mirada.
El movimiento continuó hasta que de pronto llegaron a las
últimas notas. Cuando Alexei tocó el último pasaje y dio una arcada a dos
cuerdas, el público comenzó a aplaudir desenfrenadamente. El ambiente ahora se
sentía muy ligero, había un aire de alivio y dicha. El director estrechó la
mano de Alexei, quien sonrió y salió del escenario con todo esa entusiasmada
algarabía siguiéndole. Pero él sólo pensaba en las flores.
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