domingo, 27 de abril de 2014

La Cristiandad

Comúnmente se relaciona Europa con la Grecia clásica y con la implacable Roma que venció a la primera. En la Ilustración y el Renacimiento, los pensadores tomaban muchos elementos grecorromanos para sustentar sus ideas, de tal suerte que se hicieron llamar a sí mismos como sus herederos directos. Sin embargo, es menester aclarar que tanto las ciudades-estado griegas como el Imperio Romano no eran europeos.

Cuando Grecia era un centro de desarrollo en la Antigüedad, estaba más cercana al resto de sociedades mediterráneas, sobre todo de lo que hoy en día denominamos como Medio Oriente, que de las tribus "bárbaras" de Occidente. Así, los griegos convivieron con los egipcios (simplemente, la última dinastía egipcia, la de Cleopatra, llamada de los Ptolomeos era griega, no egipcia), lucharon contra los persas y comerciaron con los fenicios (de hecho, la Europa del mito griego precisamente era una princesa fenicia, engañada y raptada por Zeus). 

Por otra parte, los romanos no se sintieron europeos pues el concepto de Europa no existía en su cosmovisión. En su lugar, existía un mundo mediterráneo que les era propio (literalmente, después de tantas conquistas) frente a un mundo bárbaro y extranjero establecido en el centro y norte de la Europa contemporánea. 

Así, el hablar de un sentimiento europeo desde la Antigüedad no es tan fácil, pues Europa comenzó a ser llamada Europa hacia el siglo XVII. Anteriormente, desde el siglo V d.C. específicamente, era llanamente llamada  La Cristiandad, esto debido a que los primeros reinos bárbaros resultantes de la caída del Imperio Romano de Occidente se convirtieron a esta religión y luego la defendieron, destacando, sobre todo, los periodos merovingio y carolingio, donde la tesis de las dos espadas (una era el Emperador y otra el Papa) se consolidó. 

Pero ¿por qué dejó de ser llamada La Cristiandad? Después de luchar hombro a hombro los reinos medievales contra la amenaza del Islam en Tierra Santa y en Iberia, o contra los cátaros en el Languedoc, hacia el siglo XVI la corrupción del Papa despertó las críticas de no pocos religiosos como Luther que en 1517 promulgó la Reforma y creó la iglesia protestante. Es ese hecho, la escisión de la religión, lo que dividió también a los países entre católicos y protestantes. Es ese el hecho que rompió con la unidad de la región donde ya no se podía hablar de una sola Cristiandad. 

viernes, 25 de abril de 2014

Cuerdas dobles

Una nueva fuerza se había apoderado de Alexei. Ahora ya no le importaba si el concierto salía bien o mal. Sólo quería salir de ahí. Así que se sentó con una nueva expresión que intentaba aparentar confianza y esperó a que el director comenzara a dirigir. Así, la orquesta comenzó con el primer movimiento. Pronto Alexei comenzó a tocar y toda la angustia que sentía se fue apagando. No miraba al público, lo veía como una pared lejana y no se fijaba mucho en los detalles de ésta.

Las notas fluían, su cello cantaba. Había una atmósfera que denotaba una nueva tranquilidad en el chico.  Su cuerpo iba fusionándose con el instrumento y pronto ya no eran él y su cello, sino uno solo que era absorbido por la melodía.  Ya sólo oía en la lejanía el sonido de la orquesta y sus manos parecían moverse por energía propia. Sus dedos corrían con destreza y ligereza en las cuerdas; estaba disfrutando la música. Él había dado su cuerpo a esa fuerza que ahora lo controlaba.

Comenzó el tercer movimiento. Los violines iniciaron con sus notas rápidas. Los cellos también se unían al canto de la orquesta y la tensión iba acumulándose cuando más se acercaban a la entrada de Alexei.

Éste cerró los ojos y respiró profundamente. Dos compases más y entraba. Entonces, abrió los ojos y vio a Darío plantado delante de él con un ramo de rosas rojas. Alexei hizo una expresión de sorpresa y un intento de ocultar alegría poco convincente. Darío lo miró con aparente frialdad pero una sonrisa se esbozaba en sus labios. Ambos se sostuvieron la mirada. Alexei dudó y entró un poco después a la pieza.

El error casi no se notó pero había logrado que Alexei volviera a sentirse nervioso. Cerró los ojos y se concentró nuevamente en la pieza esperando que ésta lo invadiera. Las notas comenzaban a reconquistar su cuerpo. Mantenía los ojos fuertemente cerrados y visualizaba la partitura en su mente. Si lograba controlarse podría tocar el resto de la pieza sin cometer más errores.

Pronto llegaron al clímax de la pieza. El solo  más difícil que le había costado tanto trabajo dominar a Alexei. Aunque hubo antes un pequeño dueto entre el concertino y Alexei y a continuación, como si lanzaran una estrella hacia el firmamento, entró a su solo. Sentía las vibraciones del cello rebotando contra su cuerpo y el dolor en los brazos iba en aumento. Había abierto los ojos pero miraba hacia el suelo sin ver realmente nada. Las escalas y las notas rápidas así como las dobles cuerdas se oyeron soberbiamente y sin ningún problema.

Entonces en ese momento sintió alegría y la presión había desaparecido. El resto del concerto sería fácil. Así que levantó la vista y vio a Darío callado, plantado delante con los ojos fijos en él y una expresión de incredulidad en el rostro.

Sus miradas se encontraron nuevamente, pero esta vez, Alexei sonrió abiertamente. Darío se sonrojó y también sonrió aunque desviando la mirada.

El movimiento continuó hasta que de pronto llegaron a las últimas notas. Cuando Alexei tocó el último pasaje y dio una arcada a dos cuerdas, el público comenzó a aplaudir desenfrenadamente. El ambiente ahora se sentía muy ligero, había un aire de alivio y dicha. El director estrechó la mano de Alexei, quien sonrió y salió del escenario con todo esa entusiasmada algarabía siguiéndole. Pero él sólo pensaba en las flores.

domingo, 20 de abril de 2014

Tiempo, tiempo, tiempo

El tiempo no se detiene ni un momento, hay veces en las que anda tan veloz que no nos deja ni siquiera respirar, mientras nos duele el costado y debemos continuar. ¡Es una locura! No sé si será perenne pero a veces muy molesto. ¡Cómo quisiera detener el tiempo para descansar, reflexionar y arreglar lo que tenga que arreglar! No soy tan ambicioso como para desear revertir el tiempo y arreglarlo a mi conveniencia, pero tampoco me quejaría si se pudiera realizar algo así.

Y aquí estoy ahora, sintiéndome derrotado, angustiado porque el tiempo simplemente no se detiene y no me deja pensar con claridad. Aquí estoy ahorra perdiendo mi tiempo sabiendo que ya no lo podré recuperar. ¡Pero qué valiente es el derrochar el tiempo haciendo cosas que simplemente nos lo quitan! Suena irracional perder el tiempo cuando nos dicen que se debe gastar para producir. Suena irracional decir que "malgastamos" nuestro tiempo, cuando éste no es de nadie sino de él mismo y nosotros sólo somos fichas que se van oxidando mientras el tiempo simplemente sigue corriendo.

Tiempo, tiempo, tiempo. Sueno irracional al ser tautológico, al repetirme tanto. Pero el tiempo es tan único (o nuestra lengua tan frugal) que no encuentro un sinónimo para reemplazarlo, quizá porque el tiempo es precisamente eso, irremplazable, irrefutable e irresistente. Suena irrisorio escuchar que alguien domina su tiempo, qué pavada. 

viernes, 18 de abril de 2014

Perfume en el mar y el cielo


Dentro de la habitación aún se sentía la fragancia dulzona que emanaba de su cuerpo, pero él no podía recordarlo. Quizá porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que se abrazaron, o porque estaba tan acostumbrado a estar con ella que ya no percibía su olor. Han pasado 20 años desde que dejó este mundo y aún la recuerda con tristeza, aunque no diga nada.  Desde que lo conocí me percaté de ello pero no quise decir nada para no ofenderle; al final de cuentas cada quien elige cómo llevar el luto de sus seres amados.

Yo sí percibía el olor en la habitación. Era tan fuerte que se me quedaba impregnado incluso después de salir de la casa. A pesar de que no la conocí, ese perfume que usaba me hace imaginarme que era una mujer bastante fuerte, tanto que su esencia aún permanece en este mundo, tanto que sus hijos también son muy fuertes. Me hubiese gustado conocerla y que lo viera crecer. Cuántas historias podrían haber tenido juntos. Cuántos álbumes llenos de fotos, viéndolos envejeciendo a la par. Sé que se sentiría completamente orgullosa con todo lo que ha logrado, como yo lo estoy de él.

No sé la causa por la que se me viene a la mente últimamente. No tendría razón para reparar en mí pues ¿quién soy yo para su existencia? sí, digo su existencia porque de alguna manera todavía existe. Su perfume es una mezcla dulzona de flores que se encuentran fuera de este país. Quizá adquirió este olor en sus viajes por Europa, tomando una copa de cava, o comiendo panellets, paseando por las calles de Falset fumando tabaco, redescubriendo sus raíces catalanas... quizá su fragancia siempre fue ésa, finalmente no lo sé. 

Mar y cielo, su esencia ha quedado impregnada en el aire. Mar y cielo, finalmente se ha fusionado con el firmamento. Mar y cielo, difícil no pensarla al mirar la bóveda estrellada en las noches insomnes en las que la echamos más en falta. Miro al cielo desde la ventana, queriendo estar seguro de que está ahí, tener la certeza de que lo protege con sus amables brazos y guía sus pasos cuando se siente perdido. En la inmensidad del dolor que su partida dejó, el único consuelo es recordar su perfume y sonreírle al cielo y al mar.


domingo, 13 de abril de 2014

Moiras

Las moiras  los miraban ansiosas. Hilanderas del destino de los hombres y de los dioses, socarronamente sonreían al ver a los dos amantes sabiendo que tendrían un funesto fin. Lo más divertido para ellas era ver a los mortales creyéndose dueños de sus destinos, cuando al final eran ellas las que lo decidían todo. No existen las casualidades, sólo las cosas inevitables, y es por lo anterior por lo que surgieron incluso antes que Zeus.

Cloto, la que hilaba los hilos de la vida, miraba a los amantes con cierta ternura, más que con burla. Quizás porque al final de cuentas ella había hilado las hebras de esas vidas. Mientras tanto, Láquesis, la que decide la longitud de los hilos, medía los de los dos amantes, que extrañamente tenían el mismo tamaño. Finalmente, Átropos era la que más sonreía, pues pronto cortaría uno de los hilos...

Lo inevitable no puede contenerse. El destino no puede modificarse cuando ya se ha asignado. No importa si se es dios o mortal. No cambia nada si quienes se aman comparten el mismo sexo. Así, mientras uno estaba profundamente flechado por el otro, ese otro simplemente se apartaba, sin saber que el hilo de la vida de su amado pronto sería cortado, cumpliendo el destino que desde su nacimiento se había forjado.


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viernes, 11 de abril de 2014

Estro de mi pena dura

Hay veces en las que no quisiera vivir realidades, sino sueños donde mi existencia sobresalga para crearme un mundo atado a mis designios. Donde la realidad no la perciben los ojos sino los sentimientos; donde no haya dolor, ni molestias, nada que uno no quiera soñar… Y que sentir el fresco perfume de una vida imaginaria logre absorber los dolores de la existencia misma creada por la naturaleza, sin controlarse por los pensamientos.

Y que los murmullos constantes de agonizantes derrotas se conviertan pronto en nuevas realidades propias, desconocidas por quienes ven de fuera y disfrutadas en la soledad de las noches, pues es  sólo ahí cuando se puede visitar nuestro mundo tan nuestro, creado a imagen y semejanza de nuestros sentimientos, donde somos protagonistas.

La verdad de las realidades es que no hay maldad en divagar con sueños y anhelos; tan sólo hay que recordar cuándo despertar.


Para no marchitar la vida, para nutrir el alma no queda más que vivir. Para el dolor y la desazona de la naturaleza humana, los sueños son el mejor antídoto que alivia el dolor de la realidad, llevándolos a fantasías palpables que sólo puedan sofocar el malestar mas no reemplazar las espinas de la existencia.

domingo, 6 de abril de 2014

Qué bella es Holanda

Extraño mucho Holanda. Caminar por las calles de Eindhoven, el camino de vuelta a casa en bicicleta al lado del río que estaba dentro de la universidad,  comer kroketten, comprar cosas en el Albert Heijn, las cervezas, los Döner Kebabs, el mercado que se ponía los sábados, los diferentes quesos de Gouda... También extraño ver los edificios de su universidad; ver las letras Tu/E en el edificio de arquitectura. Pero sobre todo extraño estar a su lado.

Hace ya bastante tiempo desde que debí regresar. No entiendo por qué los recuerdos han vuelto a mi mente con tanta fuerza en los últimos días y tampoco imaginé que ese viaje me marcaría tanto. Nunca olvidaré Eindhoven, Maastricht, Den Haag, Amsterdam, y mi favorita, Delft. Pero lo más importante de todo es que nunca olvidaré que conocí todos esos lugares a su lado. Eso me hace feliz, eso aminora un poco el hecho de que esté tan lejos  y me da esperanza para esperar el tiempo que sea necesario.

A pesar de que no tenía mucho tiempo, el poco que podía salvar lo usaba para estar conmigo y conocer juntos el país que le dio la bienvenida desde hace ya casi un año. Recuerdo y me río tanto del día que fuimos a Amsterdam y entramos a cinco tiendas diferentes de quesos con el pretexto de comprar recuerditos, aunque en realidad lo hicimos para probarlos porque teníamos demasiada hambre y nos dolía demasiado el codo como para ir a comer en forma. 

¡Qué días tan bellos! Caminar por las calles de todas las ciudades que conocí me hicieron recordar nuestras caminatas por diferentes lugares de la ciudad de México. Cuánto lo extraño y cuánto deseo que esta espera llegue a su fin. 


viernes, 4 de abril de 2014

La casa está a oscuras

Cuando quedó en silencio la morada, pronto me di cuenta que no había nadie más a mi lado. Que mi figura se volvía nuevamente invisible y que todo era absorbido por la oscuridad... era como si una fuerza emanara de aquello que creía conocer o incluso dominar. Porque cuando me di cuenta de mi soledad parecía ser ya muy tarde y el dolor era tal como si me hubieran clavado un sinfín de agujas en el cuerpo.

Entonces fue ahí donde comprendí lo funesto que es el entorno. Porque vislumbré mis realidades y me deprimí en mis soledades. Porque pronto descubrí  que había caído siguiendo una luz falsa que me sonreía aún. Donde pronto ésta se apagó y ya no supe ni adónde caminar ni a quién gritarle.

Mi mente estaba nublada, no veía ninguna luz, no veía siquiera mis manos. La angustia absorbía mi cuerpo y el recuerdo de algo que parecía grandioso seguía apretujando mi corazón. Pero ya le lloré muchas veces, ya busqué luz más allá de mis ojos y no encontré nada sino soledad. ¿Qué debo hacer ahora? me repetía a mí mismo cuando el aliento para seguir adelante me faltaba, cuando mis piernas estaban hechas jirones y cuando no oía ya el rumor de su paso por el mundo, ni la algarabía de su partida.

¿Qué faltaba ahora? Debía dejar de llorar porque las lágrimas nublaban más mi poca vista y sólo podía seguir caminando con la esperanza de llegar  a alguna parte en algún momento.