domingo, 13 de abril de 2014

Moiras

Las moiras  los miraban ansiosas. Hilanderas del destino de los hombres y de los dioses, socarronamente sonreían al ver a los dos amantes sabiendo que tendrían un funesto fin. Lo más divertido para ellas era ver a los mortales creyéndose dueños de sus destinos, cuando al final eran ellas las que lo decidían todo. No existen las casualidades, sólo las cosas inevitables, y es por lo anterior por lo que surgieron incluso antes que Zeus.

Cloto, la que hilaba los hilos de la vida, miraba a los amantes con cierta ternura, más que con burla. Quizás porque al final de cuentas ella había hilado las hebras de esas vidas. Mientras tanto, Láquesis, la que decide la longitud de los hilos, medía los de los dos amantes, que extrañamente tenían el mismo tamaño. Finalmente, Átropos era la que más sonreía, pues pronto cortaría uno de los hilos...

Lo inevitable no puede contenerse. El destino no puede modificarse cuando ya se ha asignado. No importa si se es dios o mortal. No cambia nada si quienes se aman comparten el mismo sexo. Así, mientras uno estaba profundamente flechado por el otro, ese otro simplemente se apartaba, sin saber que el hilo de la vida de su amado pronto sería cortado, cumpliendo el destino que desde su nacimiento se había forjado.


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