viernes, 28 de febrero de 2014

Algo sobre las guerras de religión en la Europa del siglo XVI

Tras publicarse la Reforma de Martin Luther en 1517,  Europa no volvió a ser la misma, pues sendas guerras de religión se desarrollaron en no pocos países, siendo Francia el reino más afectado debido, entre otras cosas, al hecho de que se encontraba en medio de los principados germánicos (protestantes) y la católica y terrible España de los Austria. 

Las guerras de religión que se desarrollaron en el siglo XVI acabaron con esa idea romántica de que Europa era un monolito cristiano. Cada reino o principado enfrentó diferentes problemas. Sin embargo, el caso inglés es uno de los más sobresalientes debido a que Henry VIII decidió romper con Roma para poder divorciarse de Catalina de Aragón y desposar a Anne Boleyn, pero esa simple decisión terminó por transformar la realidad de Inglaterra en los años siguientes. 

Cuando el buen Henry murió en 1547, su trémolo hijo Edward se convirtió en rey y dio forma a la Iglesia de Inglaterra que Mary Tudor echó abajo cuando se convirtió en reina en 1553. Lo anterior es un ejemplo perfecto de la efervescencia  imperante en los reinos europeos. A pesar de este renovado catolicismo impulsado por la nieta de Isabel la Católica, en 1558, Elizabeth Tudor por fin  estabilizó la cuestión religiosa en su reino,  a pesar de que había algunos grupos reacios a aceptarla como máxima representante de la iglesia oficial. 

Pero no hay que pensar que con la llegada de Elizabeth las cosas se estabilizaron de la noche a la mañana, pues hubo intentos de golpes de Estado, planes para asesinar a la reina, y católicos acaudalados y resentidos que no perdían oportunidad de criticar a la Corona, además de protestantes puritanos que por ende no podían aceptar una iglesia como la de Inglaterra, que al final del día mezclaba varios elementos del catolicismo con otros de Luther, además de lo aportado por los ingleses, particularmente la casa de los Tudor. 

domingo, 23 de febrero de 2014

"Sinterklaas, gooi wat in mijn schoentje"

"San Nicolás, deja algo en mi zapato" es un fragmento de un villancico dedicado a Sinterklaas, el Santa Claus neerlandés. Este personaje tiene algunas peculiaridades que dejan ver varios elementos importantes de la historia de los Países Bajos. Es interesante descubrir los simbolismos neerlandeses a pesar de que este personaje está basado en un obispo del siglo IV que vivió en lo que hoy es Turquía. 

La fiesta de Sinterklaas se celebra en todos los Países Bajos (es decir, no sólo en los Países Bajos actuales sino también en Bélgica e incluso en algunos lugares de Luxemburgo). Por otra parte, Sinterklaas viene de España, lo cual también es revelador puesto que por muchos años Holanda y las otras provincias que conforman hoy Países Bajos, fueron parte de la Corona española, desde Felipe I (el Hermoso), hasta su nieto, Felipe II, el rey que enfrentó la secesión de las Provincias Unidas en el siglo XVI.

Sinterklaas llega cada año a las costas neerlandesas en un barco de vapor, vestigio de la fuerza naval neerlandesa y de su primera revolución industrial.  Aunque cuando toca tierra, monta un caballo blanco llamado Amerigo, con quien surca los cielos para llegar a las casas de los niños y dejarles juguetes. Hasta este punto, la historia parece inofensiva, pero no lo es del todo así; ¿cómo podría un hombre repartir todos los regalos y manejar un barco desde España sin ayuda de nadie más? Bien, pues el Sinterklaas original tenía un ayudante llamado Zwarte Piet (Pedro el Negro), aunque el actual tiene a varios Zwarte Pieten, lo cual refleja el pasado colonial y de esclavitud de negros en los Países Bajos. ¿Cuál es la función de los Zwarte Pieten? Repartir galletitas (pepernoten) a los niños en el camino. 

Por si eso fuera poco, a los niños se les dice que si se portan mal, Sinterklaas irá por ellos y los llevará como esclavos a España. Esto es un elemento muy fuerte, pues reafirma el pasado de los Países Bajos como colonia española y ejemplifica el resentimiento que una cultura refleja en sus tradiciones.

A pesar de todo lo anterior, es una de las fiestas más famosas en Países Bajos, celebrada no sólo en Holanda Meridional y Septentrional sino en todas las provincias. Vale la pena ir a mediados de noviembre a este país para presenciar la llegada de Sinterklaas, pero teniendo presente los simbolismos y significados de este personaje en la cultura neerlandesa. 


viernes, 21 de febrero de 2014

El sueño donde primero sueño

Mirándome al espejo descubrí a la hidra enloquecida devolviéndome la mirada de forma desafiante, altiva, burlona... ella se daba cuenta de los oprobios por los que había pasado y parecía gustosa de recordármelo con esos ojos penetrantes e inyectados en sangre y con esos colmillos sonriendo socarronamente. Esos rostros los recordaré toda la vida, aunque todas esas cabezas, que seguían mi paso por la habitación, al final no pudieron darse cuenta de mi caída hacia un abismo tan profundo como el Tártaro donde no se podía oír nada, ni siquiera las maldiciones lanzadas por Hades.

Corría sin detenerme, corría sin mirar atrás, en realidad sin mirar a ninguna parte pues todo era penumbra, hasta que de pronto, y sin darme cuenta, comencé a nadar incesantemente, mientras detrás de mí sentía la presencia del espejo que velozmente me seguía. Temía ver dicho espejo y no por la hidra, sino porque no quería ver mi trémolo rostro, pero éste se movía tan rápido que finalmente me dio alcance; no se sumergieron fragmentos de cristal hacia las profundidades de las aguas, tampoco se escuchó el impacto de vidrio al romperse, sólo me absorbió hacia tierras nuevas, donde mis plantas pronto se posaron en una tierra fresca pero airosa, llena de nubes alrededor, allende el paisaje coronado por montañas y en la cima un templo de mármol.

Primero pensé que estaba en el Olimpo hasta que vi un camino de sangre espesa y oscurecida que se dirigía hacia el templo. Intrigada, caminé hacia la construcción y pronto me di cuenta que estaba frente a Urano y, horrorizada, observé que la sangre provenía de su falo cortado por Cronos. El  dios ni me miró ni pareció darse cuenta de mi presencia, sólo siguió observando su regazo con la mirada perdida, furtiva y con un llanto apagado. Cuando pisé una de las losetas que cubría el piso del recinto, Urano levantó la vista y al cruzarse nuestros ojos, una punzada en el vientre me trajo a la mente una gota de sangre derramada sobre Gea, mi madre...Tenía un vago recuerdo de que ese ente era mi padre. Urano me lo confirmó al decirme quedamente: "¡Alecto, hija mía! ¿a qué has venido si no es a ver mi sufrimiento?" En ese momento escuché un espejo quebrarse, cuyo sonido me trajo a la realidad, temo que la hidra al otro lado del espejo me pueda devorar. 

martes, 18 de febrero de 2014

Video et Taceo

Elizabeth Tudor, la hija que Henry VIII tuvo con Anne Boleyn en 1533, es conocida en todo el mundo como una de las reinas más hábiles de su tiempo, incluso como un ejemplo para soberanos actuales o para las mujeres. "La buena reina Bess", como todavía es llamada por algunos británicos, especialmente ingleses, llegó al poder en medio de un conflicto religioso a raíz de la ruptura entre Inglaterra y Roma y el establecimiento de la Iglesia Anglicana con Henry VIII a la cabeza.

Declarada como una bastarda por su padre después de que la madre perdiera la cabeza, la pequeña Elizabeth se crió lejos de la corte, junto con su hermana Mary, hija de Catalina de Aragón. Ambas fueron sacadas de la línea de sucesión hasta que en la década de 1540, la última esposa del rey, Catherine Parr (o Parre), convenció a éste para que fuesen restablecidas en dicha sucesión. Al ser el rey Edward un joven enfermizo y Mary una católica desquiciada (cuyas persecuciones a protestantes hicieron que se ganara el sobrenombre de Bloody Mary), en 1559 (luego de la muerte de sus dos medios hermanos) Elizabeth ya era la reina de Inglaterra, Gales e Irlanda.

Todos los cuadros que se pintaron representando a la reina muestran una mujer fuerte, con una mirada imperturbable e incluso altiva, con cabellos rojos como el sello característico de los Tudor. Si se ven todas las pinturas que se hicieron sobre la reina a lo largo de su reinado, pareciera que el tiempo no pasa por su rostro. ¿Conocemos realmente cómo era físicamente la última reina Tudor?  Ahora se sabe que la monarca intentaba dar un mensaje a su pueblo: el tiempo pasa y pasará pero yo seguiré impasible aquí.

Lo anterior es un ejemplo de un intento de preservar la juventud del régimen, dando la idea de que su monarca no envejece (recordemos que muchos súbditos morían sin jamás haber visto a su rey físicamente sino sólo en pinturas, grabados o monedas). Esto va de la mano con la máxima de Elizabeth Tudor: Video et taceo, o sea, "veo y callo", pues mientras la monarca miraba su empolvado pero arrugado rostro en algún espejo de sus aposentos en Whitehall o Greenwich, los artistas reales o los acuñadores de monedas seguirían dibujando a una  mujer refrescada, con abundante pelo rojo y una piel tersa, a pesar de que todos en la corte se daban cuenta de la diferencia entre la reina de carne y hueso y la reina que Elizabeth quería que sus súbditos vieran.

martes, 11 de febrero de 2014

La cellista desalmada

La anacrusa se había marcado y la orquesta se abalanzó rematando cada compás del presto y sin perder la vista a la batuta. Una explosión de sentimientos ocurría en su interior, a la par de las vibraciones del alma dentro del cello. Así, con la mirada fija en la nada, parecía como si pudiera ver los sonidos que emitía, sin percatarse siquiera de la presencia de los demás músicos o del público que aparecía como un muro indefinido en donde no se distinguían rostros sino sólo oscuridad. Así continuó durante todo el concierto.

Calidez, oscuridad, la fuerza de un staccato, seguida por un pianísimo, las notas fluían como agua entre sus dedos, el crin en el arco era tan veloz como el caballo de donde provenía, a pesar del dolor en los brazos y en los dedos. ¡Pero nada de eso importaba! Porque cuando ella tomaba su cello, su cuerpo era poseído por la música, invadido por la sensualidad o intensidad de las notas; su cuerpo era una ofrenda ofrecida a Orfeo y un tributo a sus propios sentimientos. Así, recordar cada nota se convertía en un rezo dirigido y memorizado. 

Cuán bendita sería entonces fusionarse totalmente con el instrumento y partir a una tierra de maderas finas y oídos absolutos  escuchando a Orfeo dedicar sus cantos a Agripe... un arco cae de golpe al suelo y de la punta se desprende el crin, un cello se desalma al caer, igual que su dueña, pues cuál sería la sorpresa del público al ver dormida a la cellista, quien en ese momento había partido a componer con las ninfas. 


domingo, 9 de febrero de 2014

Reina madre y regente por treinta años.


Catalina de Médici saltó a la escena europea en 1559 después de que su marido, Enrique II, muriera cuando la punta de una lanza se le clavó en un ojo durante una justa (cosa que Nostradamus había ya presagiado), pues se convirtió en la Reina madre, regente del reino debido a que su primogénito, Francisco II, era aún muy pequeño cuando se ciñó la corona de Hugo Capeto. Quién iba a saber que el pequeño Valois sólo gobernaría por un año y que su madre, tan odiada por unos y amada por otros, gobernaría a través de sus otros dos hijos reyes por los siguientes treinta años.

Pobre Catalina, había perdido a un marido del que se dice estaba profundamente enamorada (aunque él prefería el lecho de Diana de Poitiers), y había tenido varios hijos tan delicados como hojas mustias en otoño a punto de ser arrancadas por el viento. Quizá fue eso lo que hizo que Catalina volviera a enamorarse, pero ahora  de Francia y sobre todo del poder, pues no lo soltó hasta que sucumbió en Blois en 1589. Y no lo hizo del todo mal, pues a pesar de que no era muy querida entre los franceses (quienes la despreciaban por ser italiana y además hija de banqueros y no de reyes), evitó incansablemente alguna invasión o secesión del territorio a pesar de las innumerables y cada vez más feroces pugnas entre hugonotes y católicos. 

¡Qué orgullosa madre! ¡cinco de sus hijos fueron reyes! Francisco, Carlos y Enrique de Francia; Isabel, reina consorte de España y Margarita (Margot) reina consorte de Navarra y última reina Valois de Francia. Incluso Hércules, el menor de sus hijos, estuvo a punto de convertirse en rey consorte de Inglaterra, lástima que murió joven.  De cualquier forma,  hay que resaltar sobre todo a sus tres hijos reyes de Francia, pues a los tres los supo dominar y así controlar al país, sobre todo debido a que los tres eran enfermizos; Francisco ya vomitaba sangre cuando se convirtió en rey, a Carlos, el segundo rey, la locura se asomaba en sus tiernos ojos desde antes de que fuera Delfín y Enrique estaba más interesado en su maquillaje, sus joyas y las fiestas en sus palacios, donde a veces acudía vestido de mujer, que en gobernar a un país quebrado por una guerra civil. La tarea de Catalina entonces no fue fácil y la memoria histórica no ha sido justa con ella, sin embargo logró conservar la integridad de una Francia católica aunque ello le haya costado la extinción de la dinastía Valois y el asenso de los Borbón en Francia en 1589.