Catalina de Médici saltó a la escena europea en 1559 después de que su marido, Enrique II, muriera cuando la punta de una lanza se le clavó en un ojo durante una justa (cosa que Nostradamus había ya presagiado), pues se convirtió en la Reina madre, regente del reino debido a que su primogénito, Francisco II, era aún muy pequeño cuando se ciñó la corona de Hugo Capeto. Quién iba a saber que el pequeño Valois sólo gobernaría por un año y que su madre, tan odiada por unos y amada por otros, gobernaría a través de sus otros dos hijos reyes por los siguientes treinta años.
Pobre Catalina, había perdido a un marido del que se dice estaba profundamente enamorada (aunque él prefería el lecho de Diana de Poitiers), y había tenido varios hijos tan delicados como hojas mustias en otoño a punto de ser arrancadas por el viento. Quizá fue eso lo que hizo que Catalina volviera a enamorarse, pero ahora de Francia y sobre todo del poder, pues no lo soltó hasta que sucumbió en Blois en 1589. Y no lo hizo del todo mal, pues a pesar de que no era muy querida entre los franceses (quienes la despreciaban por ser italiana y además hija de banqueros y no de reyes), evitó incansablemente alguna invasión o secesión del territorio a pesar de las innumerables y cada vez más feroces pugnas entre hugonotes y católicos.
¡Qué orgullosa madre! ¡cinco de sus hijos fueron reyes! Francisco, Carlos y Enrique de Francia; Isabel, reina consorte de España y Margarita (Margot) reina consorte de Navarra y última reina Valois de Francia. Incluso Hércules, el menor de sus hijos, estuvo a punto de convertirse en rey consorte de Inglaterra, lástima que murió joven. De cualquier forma, hay que resaltar sobre todo a sus tres hijos reyes de Francia, pues a los tres los supo dominar y así controlar al país, sobre todo debido a que los tres eran enfermizos; Francisco ya vomitaba sangre cuando se convirtió en rey, a Carlos, el segundo rey, la locura se asomaba en sus tiernos ojos desde antes de que fuera Delfín y Enrique estaba más interesado en su maquillaje, sus joyas y las fiestas en sus palacios, donde a veces acudía vestido de mujer, que en gobernar a un país quebrado por una guerra civil. La tarea de Catalina entonces no fue fácil y la memoria histórica no ha sido justa con ella, sin embargo logró conservar la integridad de una Francia católica aunque ello le haya costado la extinción de la dinastía Valois y el asenso de los Borbón en Francia en 1589.
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