viernes, 18 de abril de 2014

Perfume en el mar y el cielo


Dentro de la habitación aún se sentía la fragancia dulzona que emanaba de su cuerpo, pero él no podía recordarlo. Quizá porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que se abrazaron, o porque estaba tan acostumbrado a estar con ella que ya no percibía su olor. Han pasado 20 años desde que dejó este mundo y aún la recuerda con tristeza, aunque no diga nada.  Desde que lo conocí me percaté de ello pero no quise decir nada para no ofenderle; al final de cuentas cada quien elige cómo llevar el luto de sus seres amados.

Yo sí percibía el olor en la habitación. Era tan fuerte que se me quedaba impregnado incluso después de salir de la casa. A pesar de que no la conocí, ese perfume que usaba me hace imaginarme que era una mujer bastante fuerte, tanto que su esencia aún permanece en este mundo, tanto que sus hijos también son muy fuertes. Me hubiese gustado conocerla y que lo viera crecer. Cuántas historias podrían haber tenido juntos. Cuántos álbumes llenos de fotos, viéndolos envejeciendo a la par. Sé que se sentiría completamente orgullosa con todo lo que ha logrado, como yo lo estoy de él.

No sé la causa por la que se me viene a la mente últimamente. No tendría razón para reparar en mí pues ¿quién soy yo para su existencia? sí, digo su existencia porque de alguna manera todavía existe. Su perfume es una mezcla dulzona de flores que se encuentran fuera de este país. Quizá adquirió este olor en sus viajes por Europa, tomando una copa de cava, o comiendo panellets, paseando por las calles de Falset fumando tabaco, redescubriendo sus raíces catalanas... quizá su fragancia siempre fue ésa, finalmente no lo sé. 

Mar y cielo, su esencia ha quedado impregnada en el aire. Mar y cielo, finalmente se ha fusionado con el firmamento. Mar y cielo, difícil no pensarla al mirar la bóveda estrellada en las noches insomnes en las que la echamos más en falta. Miro al cielo desde la ventana, queriendo estar seguro de que está ahí, tener la certeza de que lo protege con sus amables brazos y guía sus pasos cuando se siente perdido. En la inmensidad del dolor que su partida dejó, el único consuelo es recordar su perfume y sonreírle al cielo y al mar.


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