viernes, 11 de abril de 2014

Estro de mi pena dura

Hay veces en las que no quisiera vivir realidades, sino sueños donde mi existencia sobresalga para crearme un mundo atado a mis designios. Donde la realidad no la perciben los ojos sino los sentimientos; donde no haya dolor, ni molestias, nada que uno no quiera soñar… Y que sentir el fresco perfume de una vida imaginaria logre absorber los dolores de la existencia misma creada por la naturaleza, sin controlarse por los pensamientos.

Y que los murmullos constantes de agonizantes derrotas se conviertan pronto en nuevas realidades propias, desconocidas por quienes ven de fuera y disfrutadas en la soledad de las noches, pues es  sólo ahí cuando se puede visitar nuestro mundo tan nuestro, creado a imagen y semejanza de nuestros sentimientos, donde somos protagonistas.

La verdad de las realidades es que no hay maldad en divagar con sueños y anhelos; tan sólo hay que recordar cuándo despertar.


Para no marchitar la vida, para nutrir el alma no queda más que vivir. Para el dolor y la desazona de la naturaleza humana, los sueños son el mejor antídoto que alivia el dolor de la realidad, llevándolos a fantasías palpables que sólo puedan sofocar el malestar mas no reemplazar las espinas de la existencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario