domingo, 6 de abril de 2014

Qué bella es Holanda

Extraño mucho Holanda. Caminar por las calles de Eindhoven, el camino de vuelta a casa en bicicleta al lado del río que estaba dentro de la universidad,  comer kroketten, comprar cosas en el Albert Heijn, las cervezas, los Döner Kebabs, el mercado que se ponía los sábados, los diferentes quesos de Gouda... También extraño ver los edificios de su universidad; ver las letras Tu/E en el edificio de arquitectura. Pero sobre todo extraño estar a su lado.

Hace ya bastante tiempo desde que debí regresar. No entiendo por qué los recuerdos han vuelto a mi mente con tanta fuerza en los últimos días y tampoco imaginé que ese viaje me marcaría tanto. Nunca olvidaré Eindhoven, Maastricht, Den Haag, Amsterdam, y mi favorita, Delft. Pero lo más importante de todo es que nunca olvidaré que conocí todos esos lugares a su lado. Eso me hace feliz, eso aminora un poco el hecho de que esté tan lejos  y me da esperanza para esperar el tiempo que sea necesario.

A pesar de que no tenía mucho tiempo, el poco que podía salvar lo usaba para estar conmigo y conocer juntos el país que le dio la bienvenida desde hace ya casi un año. Recuerdo y me río tanto del día que fuimos a Amsterdam y entramos a cinco tiendas diferentes de quesos con el pretexto de comprar recuerditos, aunque en realidad lo hicimos para probarlos porque teníamos demasiada hambre y nos dolía demasiado el codo como para ir a comer en forma. 

¡Qué días tan bellos! Caminar por las calles de todas las ciudades que conocí me hicieron recordar nuestras caminatas por diferentes lugares de la ciudad de México. Cuánto lo extraño y cuánto deseo que esta espera llegue a su fin. 


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