viernes, 28 de marzo de 2014

Los espeluznantes Iluminados japoneses

Debo confesarlo: soy un fanático de la cultura japonesa y del animé.  Por lo anterior, en los últimos meses me dediqué a ver InuYasha, un animé creado por Rumiko Takahashi (la mangaka que también creó Ranma 1/2). La trama de dicho animé es bastante compleja  y larga (son 191 capítulos más cuatro películas), pero lo que más me agradó fue el rescate de la mitología japonesa ejemplificada en el siglo XV cuando Japón aún no estaba unificado. Un personaje  incidental en InuYasha, el Santo Hakushin, llamó mucho mi atención pues era un monje (budista) que había sacrificado su vida para salvar a su pueblo. Su cuerpo momificado fue colocado en un templo en el Monte de las Ánimas, desde donde protegía a su gente. Investigando un poco más, me di cuenta que esa momia santa estaba basada en momias reales. De eso hablaré en esta entrada.

La cultura japonesa, que a veces nos puede parecer demasiado excéntrica o simplemente extraña, al final no termina de sorprendernos. El caso de los Sokushinbutsu, o Budas japoneses, no es la excepción. Pero es aún más interesante debido a que los japoneses siguieron un budismo muy diferente al de otros pueblos asiáticos. Ellos llegaron más allá: Sokushinbutsu significaría algo así como "convertirse en buda en vida". Leído el nombre suena como algo alentador, algo que quizá varios desearían. Sin embargo, es el proceso para convertirse en buda lo que vuelve escalofriantes a los Sokushinbutsu.

Los monjes budistas que deseaban convertirse en budas, debían pasar un proceso bastante largo que tenía como fin último, hay que decirlo, llevarlos a la muerte. La primera etapa del proceso consistía en una dieta para eliminar la masa corporal; al final del proceso el monje estaba, literalmente, en los huesos. En la segunda etapa se consumía un té venenoso cuyo propósito era hacer tóxica la piel para que los gusanos no pudieran comérsela. El tercer momento es el más inquietante pues el monje era  enterrado en vida con sólo una campana y un tubo de bambú para que pudiera respirar. Durante su estancia en la tumba sólo podía rezar y tocar una vez al día la campana para indicar que seguía vivo. Cuando la campana dejaba de oírse,  los otros monjes esperaban mil días, luego de los cuales, abrían la tumba; si la momificación había funcionado, entonces se obtenía un buda que gustosamente se colocaba en el templo. En la actualidad sobreviven unos 19 a pesar de que Japón prohibió esa práctica desde hace muchos años. 

Dejo unas fotos de los monjes.

Fuentes: S/a, "Sokushinbutsu: el proceso de automomificación de los antiguos monjes budistas", [en línea] Dirección URL: http://tejiendoelmundo.wordpress.com/2010/10/06/sokushinbutsu-el-proceso-de-auto-momificacion-de-los-antiguos-monjes-budistas/ [consulta: 28 de marzo de 2014].

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