La globalización ha hecho que la gente pueda establecer contacto sin importar la distancia en la que se encuentren; la mundialización ha traído como consecuencia una cultura que pretende ser homogénea, que engulle, asimila o transforma otras, de tal suerte que los habitantes de las ciudades más globalizadas se vuelven más semejantes entre ellos que entre sus compatriotas de ciudades más pequeñas o de zonas rurales. La paradoja de la cultura global es ésa, ya que no incluye a todos ni termina de homogeinizar los valores, prácticas, idiosincrasias, sino que sólo lo hace en los más grandes centros urbanos, los nodos de la economía global, dejando atrás las zonas menos desarrolladas o las áreas rurales.
A su vez, el hecho de que cada vez más gente desee vivir en las ciudades, con la idea de encontrar mejores y más oportunidades para beneficiar su calidad de vida, es resultado de una economía capitalista, o de una práctica derivada de la Modernidad o la Ilustración. Grandes centros urbanos siempre han existido, como la Atenas de Grecia antigua, pero es debido a la globalización y la interconexión del mundo que se ha desarrollado desde hace un siglo, por lo que han aparecido ciudades tan pobladas, tan importantes para sus respectivos países y sus respectivas regiones, que no pueden ser ignoradas en la política internacional contemporánea.
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