viernes, 21 de marzo de 2014

Ciudades

Deambulaba entre las calles de la ciudad tan absorto en mis pensamientos que no me di cuenta ni adónde iba ni en qué momento terminé perdido. Justo estaba pensando en la inmensidad de las ciudades y la impresionante cantidad de gente que vivía en ellas. Para mí era frustrante saber que no terminaría por conocer toda la ciudad en la que vivo, puesto que eso significaba que tampoco podría conocer todo mi país, cada rincón, cada persona, cada calle… por ende también me sería imposible conocer todo el mundo.

Las ciudades aparecían ante mí como lugares extraños, demasiado complicados para entenderlos del todo. Un día me propuse llegar a las fronteras de la ciudad pero caminé demasiado y no me acerqué siquiera. En lo que descansaba  y respiraba para disminuir el cansancio, la ciudad seguía creciendo, las calles, pavimentadas o no, se multiplicaban a la par de los edificios, algunos lujosos condominios con lujosos departamentos diseñados seguramente por arquitectos experimentados o de renombre, mientras otras construcciones se alzaban en obra negra, inconclusa donde los marginados se iban a vivir.

Estamos en un mundo lleno de ciudades, estamos en una ciudad que no tiene fin. Una ciudad se vuelve un mosaico y un universo pues engloba demasiadas culturas, identidades, nacionalidades (en el caso de las ciudades cosmopolita), que de pronto uno se siente extasiado, por no decir confundido. Cuán feliz sería si pudiese conocer todos los mosaicos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario