No vale la pena hacerse ilusiones y pretender que todo está bien cuando el destino ya ha decidido lo que sucederá. A final de cuentas sólo existe lo inevitable y es torpe aquél que intenta contenerlo, quien lo intenta se termina frustrando y termina aceptando a regañadientes el designio indiscutido. Pocos se dan cuenta de ello y por eso hay tanta zozobra en este mundo.
A veces pareciera que la vida nos juega una mala treta y la gente llega a lugares comunes para disminuir su malogrado gusto. Se dice que las cosas malas vienen antes que las buenas y que si todo fuera bueno, entonces no lo disfrutaríamos porque eso sería perenne, inmutable, y que incluso se tornaría aburrido. La verdad es que hay gente a la que simplemente no le brilla la existencia, pues es el destino que ya tiene fijos los papeles que se deben desempeñar en la gran obra de teatro que es la realidad. Pero no quiero decir que esa gente gris es insignificante o que está condenada a sufrir, sino sólo declarar que su papel en la vida no es el de protagonizar las cosas, sino sólo ser testigo de ellas, aunque claramente, sí ser protagonistas de sus propias existencias, las cuales, reitero, no dejan de estar ya planeadas por el sabio destino.
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